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domingo, 2 de octubre de 2016

Los inicios del liberalismo español

Mausoleo de Agustín Argüelles, 
José María Calatrava, 

Juan Álvarez Mendizábal, 
Diego Muñoz Torrero, 
Francisco Martínez de la Rosa y 
Salustiano Olózaga. 
Construcción de Federico Aparici, estatua 
superior de Ponciano Ponzano ("La Libertad")
y estatuas inferiores de Sabino Medina 
("Pureza", "Gobierno" y "Reforma"). 
Inicialmente situado en el cementerio de 
San Nicolás de Madrid (1857), 
fue trasladado al claustro del Panteón de 
Hombres Ilustres en 1912.
El liberalismo contaba con el precedente de algunos pensadores austracistas e ilustrados que en los años y décadas anteriores a la Revolución Francesa habían defendido el régimen parlamentario británico frente a las Monarquías absolutas del continente y que incluso habían asimilado algunos de los postulados de la revolución americana que dio nacimiento a los Estados Unidos. Juan Amor de Soria, perteneciente al "austracismo persistente", José Agustín de la Rentería, Valentín de Foronda y León de Arroyal, son considerados como los fundadores de la tradición liberal española. Así se expresaba en una carta León de Arroyal:
El poder absoluto del rey no hay quien pueda templarle, y no siempre nos podemos prometer que sean de una absoluta sabiduría muchas veces los efectos de su abuso [...] nuestro mal será incurable en tanto que subsistan las barreras que en el día tienen el Rey como separado de su reino; pues mientras no oiga al vasallo que lo necesita, es tanto como si estuviese en el Japón o California.
La suprema autoridad está repartida en multitud de consejos, juntas y tribunales, que todos obran sin noticia unos de otros; y así lo que uno manda, otro la desmanda, y todo en nombre del rey, por lo cual, decía un amigo mío que la potestad regia estaba descuartizada como los ajusticiados. Yo comparo nuestra monarquía, en el estado presente, a una casa vieja sostenida a fuerza de remiendos, que los mismos materiales que pretende componer un lado, derriban el otro, y sólo se puede enmendar echándola a tierra y reedificándola de nuevo"

Entre los precursores del liberalismo hubo diferentes orientaciones: los aristócratas (Conde de Floridablanca, Conde de Aranda), los burócratas e intelectuales (Jovellanos, Campomanes, Meléndez Valdés, León de Arroyal) y los pequeños y completamente marginales grupos de radicales (Conspiración de Picornell). A la mayoría de ellos se les suele aplicar el calificativo de preliberales.

Tras la Revolución Francesa y especialmente durante la Guerra de la Convención (1793-1795), en la que el gobierno de Manuel Godoy desplegó una campaña reaccionaria para justificar la guerra contra Francia, apareció un sector de ilustrados al que los sucesos revolucionarios franceses les indujeron a rebasar claramente los postulados moderados de la Ilustración, lo que dio nacimiento a un movimiento abiertamente liberal. Juan Pablo Forner en una carta le comentaba a un amigo de Sevilla el ambiente que se vivía en Madrid:

En el café no se oye más que batallas, revolución, Convención, representación nacional, libertad, igualdad; hasta las putas te preguntan por Robespierre y Barrére, y es preciso llevar una buena dosis de patrañas gacetales para complacer a la moza que se corteja

Así en la última década del siglo XVIII se produjo una importante agitación "liberal" (proliferación de pasquines sediciosos, ostentación de símbolos revolucionarios, circulación de panfletos subversivos), impulsada desde Bayona por una serie de ilustrados españoles exiliados que adoptaron los principios y los ideales de la Revolución Francesa y del liberalismo. El miembro más destacado y animador principal de este grupo era José Marchena, editor de la Gaceta de la Libertad y de la Igualdad, que estaba redactada en español y en francés, y cuya finalidad declarada era «preparar los espíritus españoles para la libertad». Además fue el redactor de la proclama A la Nación española, publicada en Bayona en 1792 con una tirada de 5.000 ejemplares, y en la que entre otras cosas pedía la supresión de la Inquisición, el restablecimiento de las Cortes estamentales o la limitación de los privilegios del clero (un programa ciertamente bastante moderado, dada la cercanía de Marchena a los girondinos). Junto a Marchena se encontraban Miguel Rubín de Celis, José Manuel Hevia y Vicente María Santibáñez (este último tal vez el más radical, cercano a los jacobinos, defendía la formación de una Cortes que representaran a la «nación»).
En el interior de España también hubo agitación liberal, cuya realización de mayor impacto fue la "conspiración de San Blas", así llamada porque fue descubierta el 3 de febrero de 1795, día de San Blas.


Fuente wikipedia Liberalismo español

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